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Un adolescente llamado Jaume, apodado el Conqueridor...

 
   

Se celebra el 800 aniversario del nacimiento del Rei en Jaume I "el Conqueridor", figura emblemática como no hay otra de la historia de nuestra ciudad y, por extensión, de todo el Reino de Valencia. Pero, ¿quién era realmente Juame I? Acerquémonos un poco más a su vida, sus peculiaridades y a su significación histórica, atada para siempre a Valencia...

 
 

 

El infante Jaime era hijo de Pedro "el católico", conde-rey de Cataluña y Aragón y de María condesa-reina de Montpellier. Nació en la ciudad de Montpellier en la noche del uno al dos de febrero de 1208. Desde su nacimiento su vida se desarrolla entre intrigas, batallas y otros enfrentamientos. Ya, desde los primeros momentos sufre un pequeño incidente que pretende acabar con su vida por la codicia de sus parientes que pretendían conseguir la herencia de su padre.

Su padre delega la custodia del infante a Simón de Monforte a la edad temprana de tres años con el compromiso de contraer matrimonio con su hija Amicia. Con este pacto Monpellier pasa a ser controlado por Simón de Monforte hasta que el infante Jaime cumpla la mayoría de edad. Simón de Monforte traslada a Jaime de Monpellier a Carcasona, donde Jaime pasará los próximos dos años.

Su madre fallece en abril del 1213 a consecuencia de una terrible enfermedad y al poco tiempo fallece su padre en la batalla de Muret al pretender cortar el avance expansionista en tierras catalanas al propio Simón de Monforte. Huérfano de padre y madre se convierte en el primer heredero de la corona y poco tiempo después se convierte en Rey de Aragón con tan sólo cinco años de edad, además de conde de Barcelona y soberano de Montpellier. Simón de Monforte mantiene recluido al pequeño rey y no será hasta la promulgación del decreto papal de Inocencio III cuando se produzca la salida de Carcasona de Jaime, en torno a mayo del año 1214. Jaime es recibido por el nuncio papal Pedro de Benevento en Narbona, continuando su camino por tierras catalanas hasta Lleida donde es presentado a las Cortes catalanas y aragonesas en brazos de un prelado -el mismo Jaime cree que es el arzobispo de Tarragona-. Procuradores y autoridades prestan su juramento de fidelidad al recién proclamado rey. Por decisión del nuncio y las autoridades eclesiásticas se decide trasladar al rey al castillo del Montsó con el fin de recibir las oportunas enseñanzas religiosas y militares propias de su condición social, mediante la atenta tutela de los templarios y del maestro Guillem de Montredom, en cumplimiento del deseo testamentario materno. En esta comparecencia real se encarga del reinado el conde del Rosellón hasta la mayoría de edad del monarca aragonés. Sin embargo, la corta edad del rey aumenta las intrigas en el seno de la nobleza que persigue arrebatarle el poder.

La Orden del Temple es una orden militar similar a la del hospital destinadas a defender por las armas la civilización cristiana frente a las agresiones de los musulmanes. En dicha Orden militar permanece el pequeño rey desde 1215 a 1217, es decir desde los siete a los nueve años. Pronto sobresale en la capacidad de captar los principios esenciales de un gobernante, como la fidelidad, la religiosidad, el honor o la paciencia. Sin embargo, sus cronistas señalan que no era versado en el arte de la expresión escrita o hablada. Sea como fuere lo cierto es que a una edad tan temprana poco pudieron hacer los caballeros templarios de cara a su formación cultural. A pesar de ello, algunos investigadores le otorgan la autoría del famoso libro llamado "Llibre de la Saviesa", lo más parecido a un compendio de facultades en el que se apuntaban todas las enseñanzas de la época.

La Confederación catalano-aragonesa atraviesa unos momentos difíciles en relación a la lucha entablada por el poder entre el hermano de Pedro el católico, el Infante Don Fernando y el infante Don Sancho. Estos recrudecen su enfrentamiento con la finalidad de arrebatar el poder al pequeño rey Jaime. Cuentan las crónicas que con tan sólo nueve años de edad -algunos hablan de diez- huye del castillo donde estaba recibiendo formación con destino a Berbegal -población del Montsó-, Osca y finalmente Zaragoza para presentar batalla al regente consciente -a pesar de su corta edad- de las luchas intestinas por conseguir el poder. Desde ese momento Jaime se sitúa al frente de los asuntos de Estado comunicando su decisión inmediatamente a Zaragoza y marchando a Barcelona para realizar el juramento "als usatges de Catalunya". Protegido de la Santa Sede y rodeado de sus consejeros, Eiximèn Cornel, Guillem de Cervera, Pedro Ahonés y el arzobispo de Tarragona Espàreg de la Barca tiene problemas para mantener firme al gobierno aragonés teniendo que intervenir en el control del castillo asediado por Rodrigo de Lizana sobre un pariente suyo. Los aragoneses se encuentran divididos y enfrentados sufriendo su primera derrota en la fortaleza de Albarracín a la edad de doce años. Poco después la desobediencia de los Moncada hará intervenir al pequeño rey controlando -siempre según cuentan las crónicas- ciento treinta fortalezas entre torres y castillos pertenecientes a esta familia nobiliar. Sin embargo poco tiempo después a consecuencia de las intrigas nobiliarias el Rey cederá numerosos derechos a los caballeros aragoneses y catalanes con la esperanza de restablecer la paz en su reino.

Con motivo de las continúas reyertas contra los musulmanes los guerreros castellanos, aragoneses o catalanes conseguían aumentar sus títulos nobiliarios y posesiones en agradecimiento a los servicios prestados a la corona. Son las relaciones vasalláticas propias del sistema feudal que rige el gobierno de estos reinos cristianos. Estos nobles caballeros reciben en donación torres, castillos, pueblos enteros y otras donaciones con plena jurisdicción sobre esas propiedades y sus habitantes. Dichas concesiones reales llegan a convertirse en numerosas ocasiones por simples ambiciones personales con un poder casi absoluto por parte del noble que olvida en ocasiones su juramento de obediencia y fidelidad al rey. Ese aumento de poder y prestigio les hace considerar al rey como a un igual. Estos señores feudales cuentan con sus propios ejércitos, tropas de caballeros y asalariados e incluso en ocasiones simples enfrentamientos personales entre dos señores por cuestiones banales provoca la movilización de todas sus tropas para dirimir sus propias diferencias personales. Eso explicaría muchos sucesos acaecidos en aquella época que hoy serían muy difíciles de explicar, sino imposibles.

La carrera por el poder entre los nobles facilita el surgimiento de enfrentamientos personales, como el surgido entre Guillem de Moncada y Don Nuño. Éste último solicita la protección real y Jaime se dirige a Osca con el fin de combatir a Don Guillem. Pero he ahí que cuando lo tenía preso y le había conquistado más de treinta castillos hicieron las paces los dos bandos enfrentados y puestos secretamente de acuerdo deciden capturar al Rey Jaime. Una vez apresado Jaime se dirigen hacia Zaragoza y lo encierran en la Aljafería donde queda recluido víctima de la traición por un espacio de dos años. En el momento de su liberación promete al de Moncada indemnizarle por los sucesos anteriores. La razón fundamental de la traición de estos caballeros estriba en tratar de evitar el engrandecimiento del rey aragonés y el temor a una posible pérdida de poder de estos.

Jaime decide nada más salir de la reclusión formar parte de las partidas cristianas que luchan por la reconquista contra los musulmanes. Su padre, Pedro II, ya había comenzado la conquista de tierras a los musulmanes en el 1210 sobre Castielfabib, Ademuz, Serrella y el Cuervo; tierras cedidas veinte años más tarde por Jaime al rey de Navarra, Sancho el Fuerte, como pago de deudas de guerra. Sin embargo, estos avances no tienen continuidad al producirse la muerte de Pedro II, en Muret. Años más tarde, un nutrido grupo de nobles caballeros se reúnen en Teruel y plantean la expansión cristiana en tierras musulmanas. No obstante, será poco después con la reunión de las Cortes en Tortosa cuando se decida la reconquista cristiana de Peñíscola por mar. Sin embargo, la inexpugnable fortaleza -por su emplazamiento y formidable envergadura mas que por la resistencia del debilitado estado almohade de Abu Zayd- y las intrigas nobiliarias le obligan a abandonar la pretendida reconquista de las tierras valencianas y la vuelta a ocuparse de los problemas internos de su reino. De este modo, no será hasta 1227 con la paz de Alcalá cuando se ponga fin a las disputas internas con los caballeros aragoneses y se produzca la pacificación de su reino culminando la primera etapa de su reinado. En estos momentos, Jaime se encuentra ya en disposición de acometer la gran empresa bélica contra los musulmanes.

Los reinos valencianos se encuentran bajo el mandato del gobernador almohade Abu-Zayd; éste se muestra incapaz de solucionar la profunda descomposición en la que se encuentra la taifa musulmana. A este hecho se une el profundo rencor que le profesan sus súbditos por la extrema tiranía de su reinado. A causa de estas tremendas dificultades para garantizar la estabilidad de su reino y la poca confianza que le merecen sus guerreros en caso de guerra le lleva a ofrecer el reino de Valencia a Jaime, convirtiéndose en vasallo y tributario suyo. Este hecho provoca el rechazo de gran parte de los nobles aragoneses que ven en esa intromisión del monarca la pérdida de una ocasión de oro para enriquecerse en tierras valencianas. Los propios musulmanes que odian al rey musulmán manifiestan su disconformidad a convertirse en vasallos de un rey cristiano y se sublevan provocando la caída de Abu-Zayd. Jaime había conseguido con tan sólo la edad de 16 años y la ayuda de varios caballeros catalanes vencer a los exaltados e incluso acabar con la sublevación de todas las ciudades de Aragón, a excepción de Calatayud, que se habían levantado en armas contra él.

La precocidad de nuestro personaje se manifiesta en su boda con Elionor de Castilla, hija de Alfonso VIII de Castilla, en el año 1221. Celebrada la ceremonia parten hacia Tarazona y en la iglesia-catedral de Santa María de la Huerta se arma caballero con la edad de trece años. Sin embargo, poco tiempo va a durar la boda casándose por segunda vez con Violant de Hungría. La literatura mitológica que rodea a nuestro personaje cuenta que se le apareció la virgen con la intención de ordenarle la fundación de una orden religiosa y militar para luchar contra los infieles, visión que comparte con Pedro Nolasco y Ramón de Peñafuerte. A consecuencia de ello funda la Orden de Nuestra Señora de la Mercé o de los Mercedarios, en una fecha incierta según los historiadores y que bascula entre el año 1218 y la tercera década del siglo XIII y que perdura hasta hoy.

Su celo por la religión cristiana le lanza al ataque contra los musulmanes. Así con el beneplácito de las Cortes catalanas inicia la conquista de las Islas Baleares. Las tropas parten de Salou, Tarragona y Cambrils, con un total aproximado de ochocientos caballeros y con aproximadamente mil trescientos hombres a caballo. Tras cinco duros meses de asedio en el que pierden la vida Don Ramón y Don Guillem de Moncada se consigue dominar Mallorca. Sin embargo, el nuevo gobernador musulmán de la taifa de Valencia, Zayyán, declara a su reino libre de pagar el tributo al rey aragonés respondiendo con el ataque a Tortosa. Jaime le envía desde Mallorca una embajada para solicitar el correspondiente tributo y una indemnización por gastos de reparación por el suceso de Tortosa, pero Zayyan se niega a pagar al monarca aragonés produciéndose la ruptura de relaciones entre el reino musulmán de Valencia y el reino catalán-aragonés de Jaime.

"Se pone la cota de malla a los nueve años; a los once manda ya ejércitos y es parte activa en la guerra, a los veinte gana un reino; antes de los veinticinco tiene entre sus vasallos a un rey moro; sólo con el terror que inspira su nombre conquista un país; las Baleares, Valencia y Murcia; desdeña ser Rey de León y menosprecia sus derechos sobre el trono de Navarra; gana un reino por otro; le sobra poder para nombrar a sus hijos reyes; coloca a sus hijas en los tronos de Castilla y Francia y de las restantes una muere santa y la otra princesa; funda baronías para sus bastardos; los infieles le ofrecen tributos; los príncipes cristianos le piden opinión en numerosas cuestiones públicas; el Khan de Tartária y Babilónia le envían presentes; el Santo Padre le pide opinión; junto a las visiones y leyendas que circulan sobre su persona". El resto es otra historia... La Conquista de Valencia.

 

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